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jueves, agosto 25, 2016

La nueva versión del estudio “Los Verdaderos Sueldos de Chile” realizado por la Fundación Sol –con los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE)– indica que sólo un 15% de los trabajadores gana más de $800 mil pesos. También confirma la brecha salarial entre hombres y mujeres, de las diferencias en los salarios entre regiones –la de La Araucanía enfrenta la peor situación– y destaca a la rama del comercio como la principal fuerza del mercado laboral, donde 70% de los trabajadores recibe menos de $390 mil. Quienes laboran en el sector público son los que más ganan. Los economistas Claudio Agostini y Andras Uthoff conversaron con El Mostrador para dar su versión acerca de la relación entre los salarios y el monto que entregan las AFP.

El pasado 16 de agosto el INE dio a conocer la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2015, que se aplica en conjunto con la Encuesta Nacional de Empleo. Se realiza en los meses de octubre, noviembre y diciembre, con el objetivo de caracterizar a la población clasificada como “ocupadas” y que son fuentes de ingresos en los hogares del país.
Con esta misma información –a nivel de microdatos–, los economistas Gonzalo Durán y Marco Kremerman, de la Fundación Sol, realizaron un nuevo estudio sobre “Los Verdaderos Sueldos en Chile”. La información se encuentra distribuida por regiones, sectores productivos, categorías ocupacionales, tamaño de empresa, jornada de trabajo y se agregaron los “grupos de inserción endeble”, como trabajadores subempleados y externalizados.
Como panorama general, pudieron establecer que, en el período analizado, un 50% de los trabajadores en Chile gana menos de $340 mil, un 70% recibe menos de $500 mil y un 80% tiene un salario inferior a los $650 mil. Pero no solo eso: apenas el 15% de los trabajadores chilenos tiene un sueldo por sobre los $800 mil pesos.
Si se revisan los resultados por sexo, las diferencias en el salario percibido entre hombres y mujeres refleja la desigualdad de género en el mercado laboral en Chile: el 84,8% de las mujeres versus el 76,11% de los hombres recibe menos de $650 mil, mientras que quienes ostentan los sueldos más altos –sobre un millón y medio de pesos– corresponden a un 2,9% de mujeres y un 7% de hombres.
Pese a que este año el INE añadió en el análisis de sus resultados la mediana –que es el valor del medio al ordenar los datos de menor a mayor–, los economistas destacan que su foco es “la distribución de los datos más allá del promedio”. Este último muchas veces es cuestionado por no reflejar la realidad con precisión, como ocurre, por ejemplo, con el promedio entre el ingreso más bajo y el más alto, que es de $505.477, mientras que, si se saca la mediana, los resultados cambian y disminuyen a un ingreso promedio mensual de $340.000.
La Fundación Sol y otros economistas, han acuñado el término “atraso salarial” para referirse al caso chileno, donde la mediana salarial en relación con el PIB per cápita es inferior en comparación con otros países con una economía similar en tamaño.
                                                                                                                                                                 
Los “verdaderos sueldos”
Según el estudio de la Fundación Sol, las dos regiones en que el 50% de sus trabajadores recibe los ingresos más bajos son la de La Araucanía, con menos de $252.023 al mes, y la del Maule, con un monto inferior a $274.715.
Estas cifras contrastan con las regiones que más ganan, en que lidera la de Antofagasta, donde la mitad de sus empleados gana menos de $500.135, y la de Magallanes, en que el 50% de los asalariados recibe menos de $471.915. En la Región Metropolitana, el sueldo al que llega la mitad de los trabajadores es de $374.500 o menos.
Las diferencias en el sueldo también se traspasan a los sectores productivos: los que trabajan en la minería reciben un sueldo promedio de $961.154, sumado al sector de la intermediación financiera, con un promedio de $938.311.
Por otro lado, entre los que menos ganan se encuentran quienes se desempeñan en hogares privados con servicio doméstico, que reciben en promedio $214.308. El segundo salario más bajo lo tienen aquellos que trabajan en agricultura, ganadería, caza y silvicultura, recibiendo un sueldo promedio de $308.455.
Además, en el estudio se destaca a la rama del comercio como la principal fuerza del mercado laboral y que es la que posee un considerable atraso salarial, ya que el 70% de los trabajadores recibe a fin de mes menos de $390 mil. En el caso de las mujeres, el monto mensual desciende a $310 mil.
Los trabajadores del sector público –con un salario promedio de $777.935– son los que más ganan en comparación con el sector privado, ya que quienes trabajan en empresas privadas pequeñas tienen un sueldo promedio de $516.656 y los que se desempeñan en empresas de más de 200 trabajadores reciben en promedio $631.376.
En cuanto al tamaño de la empresa, la mayoría trabaja en aquellas que tienen 200 o más personas: el 52,9% de las mujeres y el 44,2% de los hombres.
De acuerdo a los horarios de trabajo, un 66,1% de los que tienen jornada completa recibe menos de $500 mil líquidos a fin de mes y solo un 17,2% tiene un salario sobre los $800 mil.
En los llamados “grupos de inserción endeble”, se encuentran los subempleados, que son aquellos que trabajan 30 horas a la semana, pero que están disponibles para trabajar más tiempo. Según los registros, son en total 642.312 personas y el 50% de ellas gana menos de $110 mil.
También están los falsos asalariados, que son quienes dependen de un empleador, pero que no poseen un contrato de trabajo escrito, por lo que no tienen acceso a cotizaciones de salud, ni previsión, ni seguro de cesantía. En esta categoría hay 1.087.671 chilenos. Siete de cada diez recibe menos de $300.081 mensuales.

Por último, están los externalizados, que son aquellos cuyo “empleador es una empresa subcontratista, suministradora o una enganchadora”. Se cuentan en el estudio 981.747 personas, que significan un 17,2% del total de asalariados, y que reciben en promedio un 17,8% menos que los trabajadores directamente contratados.

El estudio además destaca el alto porcentaje de deuda de los chilenos. Según sus autores, hay una “elevada correlación” entre este mecanismo y los bajos sueldos. De acuerdo al XIII Informe de Deuda Personal Universidad San Sebastián-Equifax, el número de chilenos endeudados a junio de 2016 es de 4.083.513. También se señala que, según el informe de la OECD, Society at a Glance 2014, en Chile el 27,8% de las personas indica que los ingresos no le alcanzan para comprar alimentos. Y en la Encuesta Financiera de Hogares (EFH) del Banco Central de Chile, se informa que el 73% de los hogares del país tiene una deuda.

lunes, junio 06, 2016

Ante un "estancamiento" en el crecimiento económico del país, el economista de la Fundación Sol, Gonzalo Durán, sostuvo que es necesario disminuir la brecha salarial para poder hacer frente a un crecimiento económico sostenido.

Previo a la publicación del Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central, economistas reflexionan sobre el panorama del crecimiento económico en Chile a partir de la alta tasa de desempleo arrojada en meses anteriores por el INE y la Universidad de Chile, números que no se veían hace diez años en el país.

De acuerdo al último Imacec (marzo), durante el primer trimestre de 2016, este creció un 2,1 por ciento en comparación a 2015, situación que debería mantenerse hasta el 2017.

Para el profesor y ex decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Joseph Ramos, la economía nacional los últimos tres años se encuentra en un estado bastante débil, muy por debajo del promedio del potencial productivo de la misma y más bajo que en los últimos 30 años, donde el crecimiento del PIB bordeaba el cinco por ciento.

“Es una situación débil, sabemos que eso tiene que ver mucho con el impacto de la desaceleración de China, el precio del cobre y la inversión minera. Pero también hay factores internos que no han ayudado, estamos en un punto muerto donde no hay expectativas de crecimiento y como consecuencia hay un gasto bajo en inversión, además de consumidores que están gastando menos: un círculo vicioso”, explicó.

Respecto de los anuncios realizados por la Presidenta Michelle Bachelet en su cuenta pública el pasado 21 de mayo, donde se recalcó el tema de la productividad, para el economista son positivas las propuestas. No obstante, estas contribuirían a mejorar el panorama a largo plazo y no la coyuntura actual.

“Lo que se necesita es que las personas comiencen a gastar más tanto consumidores como inversionistas, es por eso que el Banco Central ha tenido una tasa de interés relativamente baja para inducir cierto gasto. Por otra parte es inyectar confianza, que no es una cosa fácil”, afirmó.

Sin embargo, se complejiza solucionar este conflicto desde el consumo cuando, según datos del INE, la tasa nacional de desempleo de febrero-abril fue de un 6,4 por ciento, aumentando un 0,1 por ciento desde el trimestre anterior; una cifra que se estima podría seguir aumentando si no cambia la situación actual de crecimiento económico en Chile.
Alianza con el mundo laboral

A partir de los anuncios recientes, el economista y ex presidente de BancoEstado Guillermo Larraín sostuvo que existe una deuda desde el punto de vista político y comunicacional para hacer confluir la compatibilidad de tener un sistema capitalista muy avanzado con empresas modernas, que inviertan o que se expandan y que sea compatible con tener un movimiento laboral más organizado y con sindicatos más fuertes.

“Estamos hoy día básicamente en un tipo de debate que los economistas denominamos de suma cero, o sea todo lo que yo gano es perdida tuya, y eso no es deseable. Las economías se construyen donde hay ganancias para todos, unos más o menos, pero todos deben salir ganando. Existe una sensación donde todo lo que vaya para el sindicato se le quita a la empresa o viceversa, situación que no es buena. Esto ya sucedió en el pasado, es cosa de leer los libros del año 50”, explicó.
Fin del súper ciclo de los commodities

Ante la inestabilidad de los mercados mundiales y la situación vulnerable que vive Chile respecto a los llamados Commodities- precios del cobre y de materias primas como la celulosa entre otras-, la solución que algunos economistas vislumbran es establecer mejores relaciones económicas con los trabajadores y acabar con la gran desigualdad salarial en el país.

Para el economista de la Fundación Sol, Gonzalo Durán, se está confirmando el colapso del sistema chileno, ya que existe la premisa de que en una economía se puede sostener el crecimiento en base a muy bajos sueldos y eso no es así.

“Es muy complejo que una economía pueda sostener el crecimiento en base, por ejemplo, a muy bajos salarios que es lo que sucede en el caso chileno, tenemos que prácticamente la mitad de los trabajadores ganan menos de 305 mil pesos líquidos”, señaló, por lo que “tampoco debiésemos esperar que el país logre despegar de este estancamiento en la medida que no se cambie la matriz de desarrollo productiva que es la que nos tienen atados a lo que es la exportación de productos privados: el cobre, la celulosa y los pescados, en ese sentido, estamos viviendo el declive del súper ciclo de los commodities. Entonces desde esta perspectiva la situación no es favorable en la medida de que no se hagan transformaciones que son estructurales y que lamentablemente en el panorama político chileno no se ven en el horizonte”, enfatizó.

Agregó que la mejor manera de combatir la desigualdad es generar negociaciones por rama de actividad económica, una medida que fue descartada del proyecto de Reforma Laboral incluso antes de ser ingresada al Parlamento: “Constantemente estamos evitando las soluciones que tenemos al frente. No es casualidad, ahí lo que hay detrás es claramente una intención de mantener un espacio de dominación por parte de los grupos económicos”, declaró Durán.

Sobre el panorama actual respecto a la falta de inversión, el economista señaló que “hay profecías que se están autocumpliendo, se vaticinó en un momento que Chile iba a detener su crecimiento y quienes más lo hacían eran los empresarios. Es autocumplida porque son los mismos empresarios que, a través de sus comportamientos, de sus conductas están, por ejemplo, deteniendo la inversión, y en ese plano ellos tiene ahora la voz política para decir ‘ven que tenemos la razón”’, y eso es muy grave”.

A partir de las soluciones propuestas por algunos economistas sobre aumentar el consumo, Durán sostuvo que los trabajadores hoy no tienen la libertad de consumir de manera libre y autónoma.

“Lo que hoy en día tenemos es que el país llego a los 24 mil dólares como PIB per cápita, pero sin embargo buena parte de los salarios del grueso de los trabajadores no están en manos de los trabajadores, pero sí en manos de los empresarios, y ese es el retrato de la desigualdad. Los empresarios tienen sus ostentosos niveles de vida en función a trabajadores que están ganando menos. Esta situación es relacional, y en función a ello es muy difícil que la economía se recupere si es que los salarios no empiezan a subir. Ahí tenemos un escenario crítico, el endeudamiento que hoy día sostiene la demanda agregada es una forma de mantener el crecimiento que es bastante utópica, más bien es una ilusión”, aseveró.

Se prevé ante la situación actual, teniendo en cuenta que el desempleo va al alza y que no disminuye la brecha salarial, que Chile deba tomar medidas estructurales extras, tanto micro como macroeconómicas.

Fuente: http://radio.uchile.cl/

jueves, junio 02, 2016

Este martes el INE publicó la cifra de desempleo para el trimestre móvil febrero-abril el que se situó en un 6,4 por ciento, el que arrojó un aumento de un 0,1 por ciento respecto del trimestre anterior. Si bien, desde el Ejecutivo valoraron esta cifra, desde Fundación Sol y organizaciones sociales hicieron énfasis en la mala calidad de los empleos en Chile.

Según el último informe trimestral del Instituto Nacional de Estadísticas, INE, relativos al periodo febrero-abril, el desempleo se fijó en un 6,4 por ciento, representando un aumento en comparación al año pasado.

Los principales descensos se observaron en las áreas de agricultura y pesca; alojamiento y servicios de comida; y, actividades de la salud.

Mientras que en el análisis anual, la minería sería una de las áreas más afectadas con un descenso de un 10 por ciento.

El ministro de Hacienda Rodrigo Valdés valoró estas cifras asegurando que el empleo ha resistido bien a la desaceleración económica por la que atraviesa el país.

Sin embargo, para el economista de la Fundación Sol, Gonzalo Durán es necesario ir más allá de estas cifras y analizar la calidad de los empleos. Además, cuestionó que el propio ministro no profundice en las estrategias políticas para robustecer estas cifras.

“No existe un cambio de dirección a este panorama adverso que enfrenta la gran mayoría de los trabajadores en Chile. Es raro ver a un ministro de Hacienda que no se preocupe cuando veamos que hoy la mitad de los trabadores recibe menos de 305 mil pesos líquidos y se encuentran altamente endeudados. Es raro que no mencione que detrás de estas cifras hay niveles de subempleos muy altos”, indicó.

Además, agregó que “hay aspectos que se pueden detectar cuando no hay estrategia integral de empleo, finalmente, ¿quién crece cuando Chile crece?”, explicó.

En tanto, la crisis de la industria salmonera a causa de la marea roja ha afectado a cerca de 5 mil trabajadores en la región de Los Lagos, despedidos desde enero de este año.

Viviana Igor, integrante de la Asociación de Cesantes del Salmón, en Puerto Montt, aseguró esta situación se debe a la misma inestabilidad laboral que enfrentan los trabajadores: “Tenemos gente desempleada incluso desde diciembre. Muchas de ellas han trabajado con empresas que los contrataban por dos meses luego los despedían y meses después los recontrataban”, relató.

Además, la población fuera de la fuerza de trabajo o inactivos aumentó concentrándose en las mujeres con un 1,9 por ciento y un 1,6 por ciento en el caso de los hombres. Mientras que los ocupados de tiempo parcial también aumentaron un 1 por ciento.

Fuente: radio.uchile.cl

jueves, mayo 12, 2016

"Esta reforma que supuestamente fortalecería al sindicalismo, no generó un apoyo sindical masivo, y eso fue así no por culpa del Tribunal Constitucional. El Tribunal, al respaldar la objeción de la derecha en uno de los pocos aspectos que podían rescatarse: la titularidad, agudizó un problema que era de origen. Es decir, fue como la guinda de la torta".

(*) Hace poco conmemoramos un nuevo primero de mayo, día internacional del trabajador y la trabajadora, y es importante analizar la situación de la organización sindical en Chile. Las bases de datos de la Dirección del Trabajo permiten hacer un análisis fino de esta cuestión y no quedarse en la mirada simple de la Tasa de Afiliación Sindical (14,7%) en la que algunos insisten para decir que estaríamos en el estándar OCDE.

Hoy, en el 81,8% de las empresas de 10 o más trabajadores no existe y nunca ha existido un sindicato. En cuanto a las características de la organización sindical, a la fecha existen más de 11.400 sindicatos activos y la mitad de ellos tiene menos de 40 socios, es decir, son muy pequeños. Ese pequeño tamaño de los sindicatos no se explica por una gran presencia de sindicatos de empresas pequeñas. De hecho, el 75% de la afiliación sindical se concentra en la gran empresa, siendo casi inexistente la representación sindical en los centros de trabajo de empresas de menor tamaño. Así, el cuadro es el de una constelación de sindicatos pequeños disgregados en la gran empresa. Adicionalmente, los sindicatos tienen una corta trayectoria y se disuelven rápidamente: el 41% de las organizaciones activas tiene menos de 5 años y el 65% de los sindicatos creados en 2014 dejó de existir en un poco más de un año.

De este modo, la actual configuración en las relaciones de producción (entre trabajadores y empleadores), dibuja un complejo escenario, en donde se puede observar que una de las partes tiene un poder sin contrapesos ya sea porque la organización colectiva de los trabajadores no existe (lo que generalmente ocurre) o porque ésta se encuentra atomizada y tiende a disolverse.

A eso hay que agregar las dificultades que enfrentan los sindicatos para que puedan ejercer su razón de ser democratizante: la ley censura la injerencia sindical en las decisiones sobre la organización del trabajo en la empresa o en materias atingentes a la organización de la sociedad. Además, no garantiza el derecho a la huelga (permitiendo el reemplazo de huelguistas), genera procedimientos sumamente engorrosos para la negociación colectiva y no permite ejercerla más allá del ámbito más aislado, que es el de la empresa (con este set legal, hoy la tasa de negociación reglada supera levemente el 8%).

El Plan Laboral de 1979, que ha sido activamente perpetuado después de la dictadura, es un factor decisivo en ese escenario. El Plan fomenta el encapsulamiento y la dispersión sindical y, más profundamente, la desarticulación de los trabajadores y trabajadoras y su despolitización.

Todo ello facilita el disciplinamiento de los chilenos en el trabajo y también hacia el orden establecido, potenciando las dinámicas de acumulación y concentración de ingresos tan características del Chile desigual.

A este respecto, no debemos olvidar el panorama del bajo valor de la fuerza de trabajo. De acuerdo a la Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE, el 50% de los trabajadores, percibe menos de $305.000 líquidos y se encuentran masivamente endeudados. Y si se considera el reporte que hacen los empleadores respecto a los salarios que pagan, en la encuesta ENCLA, el dato no es lejano: para empresas del sector privado, de 5 y más trabajadores, la mediana salarial no supera los $336.000 líquidos .

Lo que hemos visto con la reforma laboral es que no es coherente con una transformación profunda de esta realidad. La desestimación de la negociación por rama y la mantención del esquema de nivel de empresa como único nivel de la negociación colectiva, no permite elevar la cobertura de la negociación ni combatir la baja densidad y la escasa duración de los sindicatos para reducir a fondo la desigualdad. Pero el problema no es solamente lo que la reforma laboral deja afuera en su falta de carácter. En los contenidos mismos de la reforma hubo desde un comienzo elementos que se evidenciaron como altamente atentatorios contra los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Los pactos de adaptabilidad permiten romper con derechos hasta ahora irrenunciables, como los referidos a la jornada, una demanda histórica del empresariado para obtener mayor disponibilidad del trabajo. Las adecuaciones necesarias y los servicios mínimos en caso de huelga avalan la idea de que la huelga no puede paralizar. Y la elevación de los quórums para constituir sindicatos en las MIPES hace aún más difícil su existencia, entre otros problemas.

Es por ello que esta reforma que supuestamente fortalecería al sindicalismo, no generó un apoyo sindical masivo, y eso fue así no por culpa del Tribunal Constitucional. El Tribunal, al respaldar la objeción de la derecha en uno de los pocos aspectos que podían rescatarse: la titularidad, agudizó un problema que era de origen. Es decir, fue como la guinda de la torta.

En el momento actual, ante el fallo del Tribunal Constitucional, el Gobierno anunció un veto a normas relacionadas con los pactos de adaptabilidad y con los quórums, develando de este modo, parte de las concesiones que había hecho al empresariado. Lo que hace el ejecutivo es recular – en un grado que está por verse – en disposiciones que nunca fueron en la dirección de una transformación de los legados dictatoriales de 1979. Se da así una situación paradojal: por mutuo propio, el Gobierno había puesto en el proyecto graves retrocesos y ahora, haciendo ademán de sacarlos (una parte de ellos), genera un escenario en el cual la raya para la suma diría que las cosas andan bien. Habría que agradecer incluso. Pero lo cierto es que pocos se ven felices y expectantes ante la “buena noticia”.

La verdadera buena noticia que se visulumbra en el horizonte es que en el último tiempo ha habido una revitalización de cierta orientación sindical de base que aboga por un sindicalismo sociopolítico y por la autonomía respecto a los empresarios y gobiernos de turno, que busca la construcción de lazos de solidaridad por sobre las fronteras en la empresa y se las arregla por superar el estrecho marco legal con nuevas formas de acción. La coyuntura de la reforma, como un efecto colateral, contribuyó a ampliar el diálogo horizontal y crítico de ese sindicalismo de base. Es de esperar que esa tendencia adquiera fuerza. Una cosa al parecer es clara: si las instituciones no dan el ancho, los trabajadores se servirán de otros canales de expresión y de conquista de derechos.

*Columna Publicada en RedSeca.cl.
Según Fundación Sol, pese al alto empleo que hay en la zona, el ingreso de los trabajadores en las comunas más grandes de la provincia, Ancud, Castro y Quellón, promedia apenas por sobre el sueldo mínimo.

Rara vez ocurre, pero la provincia de Chiloé copa los titulares de todos los medios nacionales. Un conflicto desatado por la marea roja que afecta la zona y que dejó sin ingresos a los pescadores artesanales, obligó a los chilotes a tomarse la isla y a exigirle al Ejecutivo una solución. 
Aunque la primera oferta del gobierno fue un bono de 100 mil pesos a los afectados, la última propuesta fue de 750 mil pesos, divididos en cuatro meses: en el primero entregarían 300 mil y los próximos tres 150 mil pesos. Sin embargo, los pescadores rechazaron la oferta.

En el último petitorio que levantaron, piden un monto mayor: 300 mil pesos por terminar el conflicto y cinco bonos más de igual monto por los siguientes meses. En total, sería 1 millón 800 mil pesos por familia, que serían extensibles si es que el problema de la marea roja se mantiene pasados esos cinco meses.

La realidad de los ingresos de los trabajadores de las comunas más grandes de la provincia, Ancud, Castro y Quellón, no dista mucho del monto que exigen los pescadores. Según datos recabados por Fundación Sol a partir de la encuesta Casen, el presente de Chiloé en cuanto a ingresos, pese a que el desempleo es de solo un 0.4%, es precario: el promedio de los trabajadores de Ancud gana en su ocupación principal 293 mil pesos; en Quellón 276 mil pesos; y en Castro 320 mil pesos. 





En #Chiloé chorrea precariedad. 70% de los trabajadores que viven en Ancud y Quellón gana MENOS de $300.000.

Las tasas de pobreza no son muy distintas al promedio regional y nacional. En Castro, según datos del Ministerio del Desarrollo Social, en 2011 el 15.9% de la población comunal vivía bajo el índice de pobreza, mientras que a nivel regional la pobreza llega al 15% y a nivel nacional llega al 14.4%. La comuna además está considerada entre las 10 con mejor calidad de vida según el ICVU de la Pontificia Universidad Católica y la Cámara Chilena de Comercio.

En Ancud y Quellón la situación es similar. Según la misma fuente, en la primera comuna la pobreza llega al 11,4% y en Ancud al 15.4%. Es en algunos sectores de la pesca artesanal, sobre todo la informal, donde se concentra parte de ella.

Entre los puntos del último petitorio de los pescadores, están entregar becas en educación exclusivas para hijos de pescadores artesanales; condonar deudas bancarias; subsidio de luz, agua y gift card para alimentos; y declarar como zona de catástrofe Ancud y la provincia de Chiloé.
Publicado en El Dínamo 

lunes, febrero 02, 2015

Ayer se aprobó la ley que crea el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, en medio de un escenario político en el que la discusión sobre los desafíos y orientaciones que deberá asumir la nueva cartera no ha tenido mucha cabida. Preocupante déficit, considerando la persistencia de la brecha que perjudica en términos de ingresos y calidad del trabajo a las mujeres en Chile. 

Según la investigación Mujeres en Chile y mercado del trabajo: Participación laboral femenina y brechas salariales, publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en 2014, la participación de las mujeres chilenas en el mercado del trabajo continúa siendo sensiblemente baja, “tanto en comparación con la participación de los hombres como a la participación de las demás mujeres de América Latina”. 

El estudio indica que existen significativas brechas salariales negativas para las mujeres en todos los sectores económicos y tipos de ocupación. Según el INE, las brechas “en todos los perfiles estudiados son principalmente explicadas por una prevalencia del efecto discriminación”. La dotación de educación, además, no mejora la situación de las mujeres respecto de los hombres. De hecho, “aún cuando ellas poseen un capital humano mayor que el de los hombres, en promedio sus remuneraciones son más bajas”. 

Los datos del INE son consistentes con los que arroja la última versión del informe provisional de Panorama de la Educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Econónomico (OCDE) dado a conocer el 18 del mes en curso. El estudio indica que aún cuando hay más mujeres con estudios superiores en los países de la OCDE, hay más hombres que obtienen trabajo con ese nivel de educación. Chile se encuentra, como era de esperar, por debajo del promedio de dichos países. 

“Aún cuando ellas poseen un capital humano mayor que el de los hombres, en promedio sus remuneraciones son más bajas”, afirma el informe del INE. Una encuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en tanto, realizada a 1200 compañías de 39 países y publicada el 19 de enero pasado, destaca que en Chile menos del 5% de las personas que componen las juntas directivas de las empresas son mujeres. Este porcentaje es similar al existente en países como Rusia, India y Japón e inferior al de Turquía y México. 

Si bien las conclusiones y recomendaciones de los informes del INE, la OCDE y la OIT son distintas en sus énfasis, coinciden en observar que en relación a los hombres en materia de ingresos y calidad del empleo las mujeres resultan desfavorecidas debido, principalmente, a su concentración en tareas secundarias y a las mayores responsabilidades que detentan en el ámbito familiar. 

Las cifras parecen dar razón a la pensadora feminista Silvia Federici, que en una difundida entrevista al medio español eldiario.es describió la incorporación femenina a un empleo que no modifica la división sexual del trabajo como “un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres”. 

¿Por qué siguen perdiendo las mujeres? 

“En relación al desafío de eliminar todas las formas de discriminación contra las mujeres es fundamental abordar el problema desde una mirada que comprenda al trabajo en todas sus dimensiones, como el Trabajo Doméstico No Remunerado (TNR), que incluye actividades fundamentales para la mantención del hogar, el cuidado de otros miembros y producción para el autoconsumo”, señala Benjamín Sáez, sociólogo e investigador de la Fundación Sol. 

“La creciente incorporación de la mujer al trabajo remunerado no tiene la misma velocidad que los cambios que se requieren en la división sexual del trabajo”, señala Benjamín Sáez de Fundación Sol. Según Sáez, “la creciente incorporación de la mujer al trabajo remunerado no tiene la misma velocidad que los cambios que se requieren en la división sexual del trabajo para asegurar una distribución equitativa de las actividades productivas”. En consecuencia, afirma el sociólogo, “las mujeres deben asumir una doble jornada de trabajo al ingresar a un trabajo remunerado, debiendo ocupar su tiempo libre en tareas domésticas”. 

La consecuencia de una división del trabajo que perjudica a las mujeres, asegura el investigador de Sol, “es que su inserción en el trabajo remunerado es más precaria: según la última Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI 2013) el promedio de ingreso de las mujeres trabajadoras es un 70% del promedio salarial que reciben los hombres y un 62,8% de las ocupadas recibe menos de $300.000 por su trabajo”. “A pesar de los mayores niveles de educación -añade Sáez-, brecha salarial crece a medida que se incrementa el nivel educacional y salarial. La brecha entre hombres y mujeres ha aumentado significativamente en los empleos asalariados formales. A

demás las mujeres se insertan en empleos de menor calidad: de todo el empleo creado en los últimos 4 años para las mujeres, un 62,3% se caracteriza por una inserción endeble (creado en la economía informal), mientras que para los hombres esta cifra es de un 53,2%”. 


El punto de partida: Corresponsabilidad 

Para la analista política, asesora de la Segpres y creadora de Hay Mujeres, María de los Ángeles Fernández, el “piso pegajoso” que deben atravesar las mujeres para ingresar al mundo del trabajo contribuye a una “brecha de clase” en la medida que “las mujeres que consiguen posiciones más altas, llegan con lo que se llama “sobremérito”, es decir, debiendo mostrar mucho más que un hombre en el mismo nivel y siendo más de élite porque, a su vez, necesitan más contactos y más redes”. Si bien Fernández considera que “las políticas de cuotas en el poder político han sido muy exitosas donde se han aplicado”, advierte sobre su insuficiencia en el contexto de la “oligarquización de la política” imperante: “si logramos que el 40% de las listas de candidatos al Parlamento sean mujeres, ¿qué tipo de mujeres van a estar ahí? La señora Juanita no va entrar. Ahora los distritos van a ser más grandes, ergo, se va a necesitar más dinero para competir y esa también es una barrera estructural para las mujeres”. 

Julia Medel, investigadora del Centro de Estudios de la Mujer (CEM), coincide en las limitaciones de las políticas de cuotas y sitúa el origen del problema en la distribución de los roles por género y las tareas de reproducción y cuidado. “Las políticas públicas deben preocuparse de una conciliación trabajo familia con corresponsabilidad. De lo contrario, mejorar la situación de las mujeres es imposible”, asegura Medel. “Una mujer puede trabajar siempre y cuando organice el cuidado de los hijos -señala Medel-. El hombre, en cambio, cumple con su rol cuando es un proveedor económico. El cuidado de niños y adultos mayores queda a cargo de la mujer, ya sea a través de trabajo pagado o no. Esa asimetría marca el ingreso de las mujeres al mundo del trabajo. Para las que tienen menos ingresos, es peor, porque al no tener recursos para pagar un servicio doméstico, deben conformarse con empleos precarios, temporales y de baja remuneración”. 

Para la investigadora del CEM, que las mujeres no logren acceder a mejores trabajos pese incluso a que aumenten su nivel educativo y perfeccionamiento respecto de los hombres, obecede a que la asimetría recién descrita no es abordada como sociedad. “Las políticas públicas deben preocuparse de una conciliación trabajo familia con corresponsabilidad, es decir, que tanto hombres como mujeres cuiden de las personas a su cargo. De lo contrario, mejorar la situación de las mujeres es imposible”, sentencia Medel. De acuerdo a la socióloga del CEM, el programa Chile Crece Contigo supuso “un avance significativo, que es muy apreciado por las trabajadoras”. 

No obstante, advierte que “el cuidado de los niños más grandes se sigue resolviendo de manera privada, lo que incide en el acceso desigual de las personas al trabajo. En otros países eso se organiza de una manera más social y colectiva, brindando el Estado al niño el derecho al cuidado”. “Se debe abordar como una política de Estado la necesidad que tenemos todas las personas de ser cuidadas y el deber que tenemos de cuidar”, asegura Medel. María de los Ángeles Férnandez sintetiza el desafío en la frase “desmaternizar las políticas de trabajo”, partiendo de la base que “el mundo de la producción y el de la reproducción no se pueden dar la espalda y que hay que incorporar a los hombres, hablando más que de “conciliar” de “corresponsabilidad” de hombres y mujeres en ambas esferas. Esa flexibilidad laboral, entonces, debe ser para ambos, porque si se limita a las mujeres se cae en precarizar aún más su trabajo”. 

Repensar el trabajo mismo 

 Esa necesaria flexibilidad para la corresponsabilidad sobre la esfera reproductiva, piensa Julia Medel, supera el problema de género como tal y requierepolíticas que repiensen “la relación que hay entre trabajo, familia y vida personal. Si estamos pensando que la condición de las personas es solamente producir, estamos olvidando la calidad de vida como armonía entre trabajo y vida personal”. La socióloga del CEM llama la atención sobre lo nocivo que es para la posibilidad de una mayor dedicación al cuidado “la cultura de estar dependiente de las necesidades de la empresa, incluso naturalizando el ser interrumpido en el hogar por una llamada telefónica o un correo electrónico que te obliga a mantenerte ligado”. A lo anterior se suma, estima Medel, “que en una jornada laboral tan larga como la chilena, de 45 horas que nunca son 45 horas, compatibilizar ambas esferas es muy difícil”. Para abordar el problema desde su raíz, la socióloga considera necesario un trabajo interministerial en conjunto con las organizaciones de trabajadores que asuma que “Chile tiene la deuda de disminuir la jornada ordinaria de trabajo”.




jueves, enero 29, 2015

Más de la mitad de los trabajadores chilenos gana menos de 300 mil pesos líquidos. El monto, que parece salido de un país distinto al Chile donde el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de más de 24 mil dólares para este año, es parte de las conclusiones de un estudio realizado por la Fundación Sol. 

“Los Verdaderos Sueldos de Chile”, es el nombre de la investigación realizada por los economistas Gonzalo Durán y Marco Kremerman, en el que entregan una visión del panorama actual del trabajo basándose en los recientes datos entregados por la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) de 2013. Datos a partir de los cuales “se puede concluir que en Chile se registra un considerable atraso salarial”. Y es que las cifras –todas expuestas sobre la base del sueldo líquido– toman una radiografía de los ingresos de los chilenos. 

 Entre otras conclusiones, los economistas de la PUC destacan que el 70% de los trabajadores gana menos de 426 mil pesos. Sólo el 15,9% gana más de 652 mil pesos. En el caso de las mujeres, 83,5% con un trabajo remunerado gana menos de 550 mil pesos. Y solo uno de cada 10 trabajadores que tienen jornada completa gana más de 852 mil pesos líquidos. Cifras que encienden las alarmas y que van a la par de una deficiente distribución del ingreso y de los altos niveles de endeudamiento que enfrentan los chilenos: la deuda per cápita de Chile es la más alta de América Latina. 

Desde la Fundación Sol detallan que para realizar la estimación de los ingresos y salarios que perciben los trabajadores en Chile, se utilizó la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) –la principal fuente estadística para medir ingresos y salarios en el país–, levantada de forma anual por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Tal como señala la investigación, el 70% de los trabajadores en Chile gana menos de $426.000 líquidos, por lo que “se podría concluir que gran parte de ellos son contratados en micro y pequeñas empresas. No obstante, cuando nos concentramos en los ocupados asalariados que están por debajo de este umbral ($426.000), se puede apreciar que el 38,4% pertenece a la gran empresa y el 17,3% a la mediana empresa. Vale decir el 55,7% de los asalariados en Chile que ganan menos de $426.000 líquidos trabajan en empresas de mayor tamaño”. 

Pero a diferencia del análisis oficial que hace el INE, que incluye a todas las personas ocupadas, incluidos los empleadores, y, reporta en general estadísticas en sus promedios, el análisis del estudio de la fundación revisa distintos puntos de la distribución, como, por ejemplo, lo que sucede con el 50% (mediana) o incluso el 70% de los trabajadores.


Esto, porque –según explica Gonzalo Durán– “en sociedades altamente desiguales, como Chile, el promedio es engañador y puede llevar a tomar malas decisiones. O no tomar decisiones. ¿Por qué?, pensemos en los salarios: si tengo a 10 trabajadores y 9 de ellos ganan $225 mil pesos, el mínimo, y 1 gana $12.000.000, el promedio será $1.402.500. Si miramos ese dato, la reacción y conclusión de una política será muy distinta a decir que el 90% de los casos gana $250.000. Es como dice Nicanor Parra: hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”. 

Accede al estudio completo pinchando aquí